Durante años, muchas organizaciones han tratado el bienestar como un complemento: algo deseable, importante e incluso innovador, pero todavía secundario frente a la productividad, los objetivos o la rentabilidad. Sin embargo, hoy resulta evidente que liderazgo y bienestar son dos conceptos inseparables. Sin un liderazgo consciente, cualquier estrategia de bienestar corre el riesgo de quedarse en una declaración de intenciones sin impacto real.

