No hablamos de una tendencia estética ni de una moda corporativa. La evidencia es contundente. La desconexión emocional, el estrés sostenido y el burnout impactan directamente en la productividad, el compromiso y la capacidad de innovación. Las organizaciones han comprendido que no se trata solo de evitar el malestar, sino de generar entornos donde las personas puedan desplegar su máximo potencial. Trabajar más ya no es sinónimo de rendir mejor; trabajar en condiciones saludables, sí lo es.


