Belén Viscasillas · Vicepresidenta de la Junta Directiva y vocal de bienestar Físico en OBBIO
¿Acabas de regresar de tus vacaciones de verano? Bienvenido de nuevo a la jungla… y no precisamente a una de verdad. ¡Ojalá!
Cuando pienso en las vacaciones, imagino paseos junto al mar, baños en aguas frescas y limpias, largas horas al aire libre, atardeceres que invitan a la contemplación y momentos de silencio que nos permiten respirar con calma. Basta con observar el mar o un paisaje de montaña para despertar una sensación profunda de bienestar y serenidad. Y lo más interesante es que esa atracción por la naturaleza no es casual: forma parte de nuestra propia esencia.
Esta conexión innata entre el ser humano y el mundo natural ha sido ampliamente estudiada y recibe el nombre de biofilia. El biólogo Edward O. Wilson la definió como la afinidad natural que sentimos por la vida y por los entornos que favorecen nuestra salud y bienestar. Aunque hoy vivimos rodeados de ciudades, asfalto, pantallas y agendas repletas de compromisos, ese vínculo sigue vivo dentro de nosotros.
La creciente desconexión con la naturaleza
Sin embargo, la distancia que hemos puesto entre nuestra vida cotidiana y la naturaleza es cada vez mayor. En Europa pasamos entre el 85 % y el 90 % del tiempo en espacios cerrados, y las previsiones apuntan a que en 2050 dos de cada tres personas vivirán en entornos urbanos. Esta desconexión es tan significativa que la psicología ha popularizado el concepto de “déficit de naturaleza”, asociado a diversos efectos negativos sobre la salud física y mental, especialmente en los niños.
Los beneficios del contacto con la naturaleza
Afortunadamente, la ciencia también nos ofrece una buena noticia: el contacto con la naturaleza tiene un extraordinario poder reparador. Numerosos estudios han analizado sus efectos sobre el estrés y el bienestar, observando que pasar tiempo en entornos naturales puede favorecer la relajación, reducir el estrés percibido y contribuir a mejorar nuestro estado de ánimo.
Entre ellos destaca la investigación liderada por Marc G. Berman, de la Universidad de Michigan, que refuerza la evidencia sobre los beneficios cognitivos y emocionales de pasar tiempo en entornos naturales.
Por supuesto, para la mayoría de nosotros no es posible escaparnos cada día a la playa o a la montaña. Pero no hace falta ir tan lejos para obtener sus beneficios. Algo tan sencillo como realizar una pausa y caminar veinte minutos por un parque, contemplar el cielo, observar los árboles o asomarse a una ventana con vistas a zonas verdes puede marcar una diferencia significativa en nuestro bienestar.
Cómo recuperar el contacto con la naturaleza
Existen además prácticas específicas que favorecen esta reconexión con la naturaleza. Una de ellas son los baños de bosque, que consisten en caminar conscientemente por espacios naturales para estimular los sentidos y reducir el estrés. Sus posibles beneficios sobre el bienestar y la relajación han sido objeto de diferentes investigaciones.
Otra práctica cada vez más conocida es el grounding o conexión con la tierra, que consiste en caminar descalzo o mantener un contacto directo con superficies naturales. Aunque la evidencia científica sobre sus beneficios específicos todavía es limitada, esta práctica se ha popularizado como una forma más de favorecer la conexión consciente con el entorno natural.
Nuestro bienestar se construye a través de pequeñas decisiones repetidas cada día. Por eso, aunque gran parte de nuestra rutina transcurra entre cuatro paredes, podemos acercar la naturaleza a nuestro entorno incorporando plantas vivas, materiales naturales, luz natural o espacios verdes en los lugares donde trabajamos y vivimos.
Y siempre que sea posible, merece la pena aprovechar cualquier oportunidad para disfrutar de actividades al aire libre: una ruta de senderismo, un paseo por el campo o simplemente una conversación bajo la sombra de un árbol.
Naturaleza y bienestar en nuestro día a día
El contacto con la naturaleza no tiene por qué limitarse a las vacaciones. Podemos integrarlo en nuestra vida cotidiana a través de pequeños gestos que nos ayuden a desconectar de la rutina y recuperar el equilibrio.
Una pausa en un parque, una reunión al aire libre, una caminata después del trabajo o simplemente dedicar unos minutos a observar nuestro entorno pueden convertirse en pequeñas oportunidades para conectar con la naturaleza.
Y esta reflexión también puede trasladarse a nuestros espacios de trabajo. Incorporar luz natural, plantas, materiales naturales, vistas a zonas verdes o espacios exteriores puede ayudarnos a crear entornos más agradables y conectados con las necesidades de las personas.
La naturaleza tiene una capacidad extraordinaria para recordarnos lo esencial. En ella todo empuja hacia la vida, el crecimiento y el equilibrio.
Quizá por eso sigue siendo una de las mejores herramientas para cuidar nuestro bienestar.
Porque conectar con la naturaleza es, en el fondo, conectar con nuestra propia esencia.







