Este artículo es el resultado de una reunión de trabajo del Comité de Expertos de OBBIO, órgano de consulta, asesoramiento e información creado por la asociación y conformado por líderes en Bienestar Organizacional con un amplio conocimiento en investigación e intervención. En esta sesión participaron Pilar Esquer, Jordi Alemany, Olga Merino, Estrella Martín Segurado, Mercedes Gállego, Ángela Quintas, Belén Viscasillas, Araceli Morato, Fernando Lallana, Cristina Ordóñez y Cristina Jardón, quien ejerce la coordinación del Comité.
La alimentación ha dejado de ser un asunto privado para convertirse en un eje estratégico del bienestar organizacional y del rendimiento en las empresas. Esta es una de las principales conclusiones del Comité de Expertos de OBBIO, que dedicó su última sesión a explorar el vínculo entre nutrición, salud y foco en el trabajo. ¿Somos lo que comemos? Cómo la nutrición dispara el foco y rendimiento en las empresas
De contar calorías a entender cómo comemos
Pasamos de contar calorías a entender qué comemos y cómo impacta en nuestra glucosa y energía diaria. Hoy, más que “dietas” cerradas, se habla de mantener niveles de glucosa estables a lo largo del día para evitar picos de cansancio tras las comidas y mejorar la sensación de bienestar continuo.
En paralelo, el conocimiento sobre microbiota ha dado un vuelco a la forma de entender síntomas que antes parecían “desconectados”: malas digestiones, hinchazón, problemas de sueño, dolores de cabeza, molestias articulares o alteraciones de la piel pueden estar vinculados a un desequilibrio en ese ecosistema intestinal. Conceptos como SIBO, DAO o Helicobacter pylori han entrado en el lenguaje de consulta junto con un uso mucho más sofisticado de probióticos, cepas y dosis concretas.
El “atajo” de los fármacos para adelgazar
El comité también abordó el boom de fármacos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, cada vez más presentes entre la población general. Las expertas coincidieron en que son herramientas potentes, especialmente en casos de obesidad, pero advierten de un riesgo claro: usarlos sin cambiar hábitos alimentarios lleva a pérdida de masa muscular, efecto rebote y descenso del metabolismo basal.
El mensaje fue contundente: no se puede delegar en una inyección lo que solo se consolida con educación alimentaria y cambio de estilo de vida. Si alguien pasa de comer diez donuts a comer solo dos gracias al fármaco, el problema de fondo sigue intacto; cuando se retira la medicación, vuelven el hambre, la ansiedad y los viejos patrones.
Niños, adolescentes y el futuro de las organizaciones
Una de las alertas más repetidas tuvo que ver con la nutrición infantil y juvenil. Se están viendo adolescentes con un sobrepeso muy elevado, consumo habitual de bebidas energéticas y una dieta basada casi exclusivamente en ultraprocesados. Ese estilo de alimentación, sostuvieron, no es neutro: se traducirá en más patología crónica y en futuros empleados con peor salud de base.
El desayuno fue un ejemplo claro: muchos niños salen de casa con un pico de glucosa descomunal gracias a zumos azucarados, bollería o pan blanco, y a la media hora están apáticos, con problemas de atención y comportamiento alterado en clase. Exactamente la misma dinámica se replica en las oficinas, condicionando foco, convivencia y capacidad de rendimiento.
Nutrición en la empresa: de “comer sano” a cuidar el cerebro
Cuando la nutrición entra en la empresa, el foco ya no es solo “comer sano”, sino cuidar el principal recurso: el cerebro de las personas. Lo que hay en el plato termina siendo parte del cerebro, de las articulaciones o de esas rodillas que duelen cuando salimos a correr, como recordaba una de las expertas.
Las experiencias compartidas muestran que las intervenciones más efectivas son las que combinan tres elementos:
- Sensibilización de toda la plantilla, empezando por la dirección, explicando por qué se van a hacer cambios y qué impacto tienen en rendimiento, clima y salud.
- Transformaciones progresivas del entorno alimentario: reordenar máquinas de vending, hacer más atractiva la fruta, negociar menús con el catering dentro del presupuesto.
- Acompañamiento individual o en pequeños grupos (coaching nutricional, talleres de batch cooking, sesiones de preguntas abiertas) que ayude a convertir información en hábitos sostenibles.
El papel del comité de dirección se consideró clave: sin su ejemplo y su implicación real, cualquier programa corre el riesgo de quedarse en “semana de la salud” decorativa
Estrés, fatiga crónica y la trampa de los ultraprocesados
La conversación enlazó nutrición y estrés crónico, dos fenómenos que hoy avanzan de la mano. El cortisol elevado, sumado a una alimentación basada en azúcares rápidos y grasas de baja calidad, incrementa el apetito, anula señales de saciedad y empuja a elegir productos muy palatables pero pobres en nutrientes. El resultado es una “montaña rusa” de glucosa que alimenta la fatiga física y mental y favorece decisiones impulsivas a lo largo del día.
Las expertas insistieron en que muchas personas comen, pero no se nutren. El abuso de ultraprocesados proporciona calorías vacías y deja sin cubrir necesidades básicas de vitaminas, minerales, fibra y grasas de calidad, esenciales para el buen funcionamiento del sistema nervioso y del sistema inmunitario.
Barreras: tiempo, cultura y desigualdad
Más allá de la teoría, surgieron barreras muy concretas.
La falta de tiempo –real y percibida– se ha convertido en el gran argumento para no cocinar, delegando en el microondas y en la comida lista para consumir.
La cultura de la “vía rápida” lleva a pedir pastillas, inyecciones o suplementos milagro antes que asumir la responsabilidad de cambiar hábitos.
- Las desigualdades socioeconómicas y la propia industria alimentaria han instalado la idea de que comer mal es barato y comer bien es caro.
- Frente a ello, el comité reivindicó una vuelta a lo básico: legumbres, cereales, patata bien cocinada, fruta, verdura y producto de proximidad siguen siendo los pilares más accesibles, versátiles y sostenibles. La planificación (especialmente el batch cooking) apareció como la herramienta más poderosa para comer mejor con los recursos y el tiempo que cada persona tiene.
De la información a los motivos
Si algo quedó claro es que información no falta: todos hemos oído hablar de frutas, verduras, azúcar, ultraprocesados o “cinco al día”. Lo que escasea son motivos profundos para cambiar y estructuras que faciliten ese cambio, tanto en casa como en la empresa.
Por eso, las voces del comité coinciden en que el reto no es repetir mensajes nutricionales, sino enseñar a experimentar en primera persona cómo cambia la energía, el descanso y el foco cuando se mejora la alimentación. A partir de ahí, la nutrición deja de ser una obligación más en la lista de “cosas saludables” y se convierte en una aliada tangible del bienestar y del rendimiento profesional.







